20 de Noviembre de 2017

"Hay que proteger a los trabajadores y no los empleos"

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Lo dijo Jean Tirole, premio Nobel de Economía 2014, quien destacó que será más importante en el futuro invertir en capital humano que en puestos de trabajo específicos.

El economista francés participará en Buenos Aires del máximo evento de economistas en la región que se hará entre jueves y sábado.

Se trata de la reunión anual de la Asociación de Economía de América Latina y el Caribe (LACEA) conjuntamente con la Conferencia del capítulo latinoamericano de la Sociedad Econométrica (LAMES), destaca Ezequiel Burgo en una nota para clarin.com.

Además de Tirole (foto), incluirá exposiciones de otro Nobel, James Heckman, y figuras como James Robinson autor de Por qué fracasan las naciones, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, el presidente del BCRA, Federico Sturzenegger, entre otros funcionarios y académicos.

Se postularon más de 900 papers académicos y se presentarán más de 300 trabajos aplicados a los desafíos de la región. La Universidad de San Andrés será anfitrión del evento en esta oportunidad.

En la previa del evento, Tirole se animó a contestar preguntas sobre cuál será el devenir del mundo a nivel económico.

–Usted es ingeniero y matemático, ¿en qué medida los modelos construyeron un muro para que el público general entienda la economía?

La economía en una democracia debe ser accesible para todos. Pero también creo que es útil entender por qué los economistas usamos las matemáticas. Una razón es que al igual que en cualquier ciencia, los economistas comenzamos con la construcción de teorías.

Un modelo siempre simplifica la realidad y, de hecho, eso es lo que lo convierte en teoría y nos obliga a hacer suposiciones. Luego utilizamos la lógica para derivar las implicaciones de los supuestos. Pensar lógicamente puede ser complejo sin el uso de matemáticas.

Como dice el economista de Harvard Dani Rodrik, utilizamos matemáticas no porque somos brillantes sino porque no somos lo suficientemente brillantes. Por último, llevamos a cabo pruebas empíricas utilizando datos y econometría, o generamos nuevos datos a través de experimentos de laboratorio y de campo.

Hay un ir y venir entre la teoría y la empírica. Si bien la economía cumple con los requisitos habituales de una ciencia, es inexacta: las teorías son imperfectas, los datos pueden ser escasos. Los economistas debemos ser humildes y explicar sólo cuando hay un consenso o una opinión mayoritaria sobre temas particulares.

–Kahneman primero, Shiller cuatro años atrás y Thaler ahora. ¿Acaso la teoría del pensamiento irracional es una respuesta a la explosión de los modelos económicos?

La economía construyó su propia identidad en el siglo XX. Fue positivo aunque provocó que los economistas ignoraran, en parte, las contribuciones de otras ciencias sociales. Pero en los últimos treinta años los economistas renovamos el diálogo con muchas de estas e incluso tomamos de prestado. En Francia creamos un Instituto de Estudios Avanzados en Toulouse (IAST), en el que interactúan antropólogos, biólogos, economistas, historiadores, expertos en Derecho, psicólogos, politólogos y sociólogos.

El hecho de que tres premios Nobel fueron recientemente para economistas del comportamiento y un psicólogo refleja esta tendencia. Ahora, también hay que decir que las distorsiones del pensamiento conductual siguen patrones y a menudo tienen une explicación. Como Roland Benabou, yo y muchos otros hemos enfatizado, las distorsiones en nuestras creencias están “motivadas” por el deseo de tranquilizarnos sobre nuestro futuro.

Por ejemplo construir una buena imagen de uno mismo, algo que destacó Adam Smith ya en La teoría de los sentimientos morales o sentirnos lo suficientemente seguros para darnos fuerza a la hora de hacer tareas. Nuestras creencias pueden ser en parte disfuncionales pero tampoco son aleatorias; diría más bien dirigidas por ‘algo’. Es importante descubrir estos factores que impulsan el “comportamiento irracional”, ya que, para predecir y hacer políticas públicas, debemos entender los patrones del comportamiento.

-Sostiene que la creatividad, la innovación en el futuro, podría ser propia sólo de unos pocos países. ¿Por?

Los países tienen talentos pero puede que no ofrezcan una buena oportunidad para construir las empresas que generen riqueza, recaudación y empleos en sus economías. Hoy existe una competencia muy intensa por el talento. Estados Unidos, entre otros, se benefició al atraer los mejores estudiantes, científicos y empresarios del mundo.

Hasta cierto punto esto es merecido para EE.UU. pero también debemos darnos cuenta de que sus avances se logran a expensas de otros países que pierden sus talentos porque no pueden competir. No tienen Google, Microsoft, Apple, Amazon o la industria biotecnológica que inventa las drogas de el futuro. Muchos empresarios exitosos en Silicon Valley o en el MIT nacieron en el extranjero. Además, los talentos son muy móviles a nivel internacional. La forma de mantenerlos dentro de un país es volverlo atractivo para ellos que sigan allí.

–¿Es un tema de dinero esto último?

En parte. Pero también de gobierno. Los científicos en varios países se frustran porque sus gobiernos no se esfuerzan lo suficiente para lograr la excelencia en investigación y enseñanza o que el sistema no está basado en méritos. Los empresarios también suelen sentirse molestos por la complejidad de establecer y expandir sus negocios. Hay de todo.

– A la globalización, ¿hay que temerle?

Al igual que el progreso tecnológico, tiene consecuencias beneficiosas y redistributivas. Vuelve a los países más ricos y no sólo a los emergentes como India y China; la evidencia muestra que los países desarrollados se benefician. Es verdad que una fracción de su población se queda atrás; los trabajadores muchas veces compiten con las importaciones chinas y no necesariamente encuentran después un trabajo similar, especialmente en su propia región. Debemos abordar este problema.

Pero el proteccionismo no parece ser la solución. Nos impide tener acceso a lo mejor que el mundo tiene para ofrecer, crea monopolios nacionales y finalmente provoca represalias por parte de otros países, de modo que los trabajadores de las industrias exportadoras pueden perder sus empleos.

-¿Hasta qué punto sabemos cómo nuestros trabajos serán remodelados por la economía digital?

Es difícil prever la velocidad a la que se destruirán los puestos de trabajo y cuáles se destruirán primero. Muy difícil. Es cierto que profesiones como taxistas o camioneros parecen tener un futuro sombrío con la llegada de los vehículos sin conductor. Pero siempre se crean nuevos trabajos mientras otros se destruyen. Entonces la preocupación no es la “desaparición de empleos”.

Los problemas son dos: ¿los nuevos trabajos serán atractivos? ¿Y cómo lidiaremos con el ajuste que impone la tecnología? Además, en los últimos treinta años somos testigos de una polarización en el mercado de trabajo.

De nuevo, un aumento en la polarización en el futuro es difícil de prever con mucha certeza pero vemos que es una posibilidad seria. En función de todo esto necesitamos entonces pensar nuestro futuro, por ejemplo, proteger a los trabajadores y no a los empleos.

Esto último hoy es más importante que nunca porque ninguna empresa planea ya crear trabajos para toda la vida cuando las tareas cambian de un momento a otro. Entonces hay que proteger a la gente brindándoles seguridad social, educación.

Fuente: clarin.com

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